Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2015.

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Gregorio Morales, compañero de UCAR (Unidad Cívica Andaluza por la República) nos abandonó hace unos días, dejamos el enlace a su blog como recuerdo y una oportunidad de acercarnos a esa ventana aberta que dejó

Blog de artículos de Gregorio Morales

http://www.gregoriomoralesvillena.net/

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     Este sábado a las 10:30 horas nos reuniremos en Salobreña con el objetivo de comenzar la planificación de las actividades memorialistas de este verano y de las del útimo trimestre de 2015. Igualmente analizaremos las actividades realizadas durante el presente curso por la asociación.

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    Desde el mes de febrero hay una nueva situación en la Memoria Democrática de Andalucía provocada por el cambio político en nuestra comunidad autónoma. La salida de Izquierda Unida del gobierno andaluz y de la Dirección General de Memoria Democratica, ha supuesto una clara paralización de las políticas memorialistas. Hemos de exigir al Gobierno de Andalucía que revierta la situación actual y se vuelvan a activar las políticas en defensa de los Derechos Humanos

    Por todo ello la Asociación Granadina Verdad Justicia y Reparación pide a los poderes públicos de Andalucía

- El cumplimiento de la normativa internacional respecto a las desapariciones forzadas 
- La reactivacion de la localización de fosas en Andalucía 
- La reactivacion de la política de divulgación y publicaciones 
- La potenciacion de la Dirección General de Memoria Democratica de Andalucía 
- La creación de organismos homólogos en las demás comunidades y el Estado
- La revisión y finalizaron del mapa de fosas en la provincia de Granada y atualización en las demás provincias
- Poner a las víctimas y la salvaguarda de los derechos del Pueblo Andaluz a su memoria democrática en un lugar prioritario, porque ya no se puede esperar más

 

La Asociación Granadina Verdad Justicia y Reparación 

Salobreña 4 de julio de 2015

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    Lunes 20 de julio a las 20:00 horas en las tapias del cementerio de Granada. Acto unitario y reivindicativo por la Memoria Democrática, por los derechos humanos y en recuerdo de las víctimas de la barbarie muertas por su defensa del gobierno democrático de la República

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    El periodista Francisco Vigueras reedita su libro '1936: muerte de un periodista' para incluir nuevas aportaciones sobre el que fuera director del periódico 'El Defensor de Granada'

IRENE MARÍN GRANADA


     La idea de escribir el libro surgió originalmente en los años 90, cuando Vigueras, fiel lector del investigador lorquiano Ian Gibson y lector de Federico García Lorca, descubrió que había un periodista íntimo amigo de Lorca, que era Constantino Ruiz Carnero, director del periódico El Defensor de Granada. Lo primero que le llamó la atención, explica el autor, fue que "a través del periódico, Ruiz Carnero había divulgado la obra del poeta y además le había defendido cuando era atacado por la prensa conservadora". 

Después de hallar a este periodista, Vigueras decidió indagar en su vida. "Fui a la hemeroteca para investigar sus columnas periodísticas, sus editoriales y sus artículos", cuenta el autor. Asimismo descubrió que al director del periódico le llamaban "el maestro de la ironía" porque escribía unas columnas llamadas Siluetas del día, que eran "retratos satíricos de Granada, de los personajes granadinos y sus adversarios políticos". Ruiz Carnero decía que era el arma de las personas inteligentes y, de alguna forma, "esa sátira que él utilizaba, construyó quizá su sentencia de muerte", conjetura el autor del libro. 

Según las investigaciones de Francisco Vigueras, Ruiz Carnero convirtió el Defensor de Granada en un diario a favor del cambio por la República, por la igualdad y por la libertad y, cuando él llega a formar parte de la dirección, el periódico va a experimentar un avance impresionante en cuanto a técnicas de periodismo. De hecho, Vigueras considera a Ruiz Carnero "el padre del periodismo moderno en Granada". El motivo es que "el Defensor se ve dotado de las tecnologías más importantes de su época, pues no solamente cambia el diseño, sino que además introduce métodos para conseguir la última hora, y se hacen dos ediciones diarias: una matutina y una vespertina, lo que no era frecuente en aquella época", explica para poner en contexto esta iniciativa en los años 20. 

Otra de las facetas que tuvo la oportunidad de descubrir el autor de 1936: Muerte de un periodista sobre Ruiz Carnero fue la de sindicalista. Para Vigueras fue un "maestro de periodistas" y destaca una de las lecciones que aportó al gremio: "la pluma debe servir para algo más fuerte, más vibrante y más útil que para unas cuartillas o dibujar bellas notas de color". Para él fue, en definitiva, "un periodista comprometido, amante de la verdad y valiente para contarla". 

Pero la parte más importante que hizo posible la creación del libro llegó por azar en una de las visitas a la hemeroteca. "Tuve la suerte de coincidir con Jesús Fuster Ruiz, que es el sobrino de Ruiz Carnero, y él me proporcionó un material impresionante", comenta Vigueras. "Me llevé la sorpresa de que no era sólo su sobrino, sino el mejor documentalista y el que mejor ha sabido conservar la memoria de su tío", relata el autor, que con el tiempo trabó amistad con el sobrino, que le llegó a proporcionar unas carpetas llenas de documentos, ya no sólo literarios o periodísticos, sino también familiares. "Me permitió conocer ese otro ángulo más personal", señala. Por ello, dedica la obra a Jesús Fuster Ruiz, "por su lealtad a la memoria de Ruiz Carnero", que llegó a ser "una de las grandes amistades" de su vida. 

Fuster Ruiz, que estuvo presente en el estreno de la primera edición, en el año 1998, falleció antes de que esta segunda edición fuera publicada. La segunda edición, que vio la luz en abril, cuenta con nuevas aportaciones fruto de profundas investigaciones en registros abiertos recientemente, siendo la más importante la apertura del archivo de la Real Chancillería de Granada. "He podido leer, estudiar y analizar los expedientes de responsabilidades políticas en el que el régimen franquista intentaba justificar el asesinato de Ruiz Carnero", cuenta Vigueras. Su muerte ocurrió poco después de que se produjera el cierre de El Defensor y la detención del director. 

Posteriormente, intentaron acusarlo de un delito contra la Ley de Responsabilidad Política, de febrero de 1939, y además aplicársela con carácter retroactivo. Tal y como explica el autor en su libro "lo hacían así, a sabiendas de que él no pudiera defenderse; ya fallecido no podría hacer alegaciones en su defensa". En suma, Vigueras sostiene que "los jueces no trataron de investigar la desaparición del periodista, que hubiera sido lo lógico, sino que lo que intentan es recoger informes para acusar al periodista de delitos para justificar el asesinato". 

El autor explica en el libro que Ruiz Carnero llegó a ser alcalde de la ciudad e incluso le propusieron ser presidente de la Diputación, "pero prefirió volver a la redacción del periódico". El autor supone que el director se sentía sobre todo periodista y pensaba que en ese momento había sobre todo que defender los valores de cambio social, igualdad, libertad. "Creía que la mejor manera de hacerlo era como periodista desde el Defensor de Granada", concluye.

GRANADA HOY

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DISCURSO DEL SECRETARIO DEL PCA Y DIPUTADO PROVINCIAL DE IU, EN EL ACTO DE MEMORIA DEMOCRÁTICA DE LA TAPIA DEL CEMENTERIO DE GRANADA

       Recibid todos y todas un cordial saludo en nombre de Izquierda Unida y del Partido Comunista de Andalucía.

    “…lo vieron caminar entre fusiles…” con estas palabras describía Antonio Machado los últimos momentos de Federico, nuestro poeta granadino universal. Unas palabras que valen para describir la imagen de miles de personas que fueron asesinadas por los golpistas del 18 de julio. Porque el régimen franquista se funda sobre la violencia del golpe militar y sobrevive aplicando esa misma violencia hasta el final. Nombres como los de Federico García Lorca, Cayetano Bolívar, Lina Odena, Ricardo Beneyto Sopena, Julián Grimau, Manuel José García Caparrós (hijo predilecto de Andalucía)… son una clara muestra de ello.

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Por Francisco Vigueras Roldán. Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación

   El periodista Robert Neville, corresponsal del New York Herald Tribune, fue testigo de los fusilamientos en las tapias del cementerio de Granada. Los camiones de la muerte pasaban, cargados de presos, justo por el Hotel Washington Irving donde se alojaba con otros turistas extranjeros, en pleno corazón de la Alhambra. En sus crónicas publicadas en el diario neoyorquino, dejó testimonio de la terrible experiencia que le tocó vivir en Granada: “Hoy, cuatro de nosotros jugábamos al bridge en la habitación del hotel cuando pasaron dos camiones. Desde abajo habría parecido que todos los hombres en aquellos enormes camiones fuesen soldados, pero hoy los vimos desde arriba y observamos que en el centro de cada camión había un grupo de paisanos… Hoy los camiones subieron con aquellos paisanos. En cinco minutos, oímos los disparos. A los cinco minutos, bajaron los camiones y, esta vez, no había paisanos. Aquellos soldados eran el pelotón y aquellos paisanos iban a ser fusilados”.

   Entre los fusilados en las tapias estaban los llamados “intelectuales rojos”, los más odiados por los franquistas. Acusados de haber corrompido a las masas, con sus torcidas doctrinas sobre marxismo y democracia. Catedráticos, abogados, maestros, médicos y sindicalistas. También quedó diezmada la corporación municipal, que dejó en las tapias a cinco alcaldes y más de veinte concejales. Hombres notables como el presidente de la Diputación, Virgilio Castilla, el alcalde Manuel Fernández Montesinos, el pediatra Rafael García Duarte, el ingeniero Juan José de Santa Cruz o el periodista Constantino Ruiz Carnero, director de El Defensor de Granada, lo mejor de la cultura y la política granadina.

   Y mucha gente del pueblo que había colaborado en el proyecto de cambio social de la República. Los verdugos no tuvieron piedad, ni siquiera con Antonia Molina Pérez, que fue ejecutada con apenas 13 años, casi una niña, en la madrugada del 23 de julio. Más de 4.000 granadinos fueron asesinados en las tapias del cementerio, en aquel infame verano del 36. Sobre todo en agosto, el más sanguinario, que batió el récord con 572 víctimas. Las descargas de la fusilería podían oírse por toda Granada en el silencio del amanecer. La ciudad estaba sumida en el terror. La represión fue tan desproporcionada que se escondían en los sótanos de sus casas, como topos, confiados en que pronto acabaría la pesadilla. Algunos fugitivos lograban pasar a zona republicana, pero sus familias sufrían las represalias. Y más de uno prefería entregarse para salvar a los suyos. Los pistoleros de Valdés, la temida Escuadra Negra, eran dueños de la ciudad, con licencia para matar, y lo hacían sin escrúpulos.

   Casi 80 años después de aquella barbarie, los familiares no han olvidado a sus seres queridos, que se llevaron violentamente de casa una madrugada y no volvieron a ver nunca más. Durante la dictadura, subían a las tapias para hacer homenajes íntimos y clandestinos, por miedo a ser detenidos. Ayer, el 20 a las 20, las asociaciones memorialistas volvimos a subir con los familiares para rendir homenaje a las victimas, esta vez público y con todos los honores. Entre los familiares, estaba Gabriel Fernández Valladares, hijo del concejal fusilado Juan Fernández Rosillo, o Purificación Fenoll, hija del capitán Antonio Fenoll, un militar fusilado por mantenerse leal a la Constitución republicana.

   Desde el pasado 5 de octubre de 2012, las tapias están protegidas y han sido declaradas “lugar de memoria histórica” por la Junta de Andalucía, cuando Luis Naranjo era director general de Memoria Democrática. Conocemos los nombres y apellidos de los fusilados, pues estamos hablando de uno de los episodios mejor documentados de la represión franquista por investigadores como Ian Gibson, Molina Fajardo o Gil Bracero. Por eso, pedimos a la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, y al actual director general de Memoria Democrática, Javier Giráldez, que pongan en marcha un Memorial con todos los nombres, tal y como se merecen quienes perdieron injustamente la vida por defender la legalidad democrática de la República